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Un punto de vista anarquista y federalista sobre la vida y la sociedad

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ECONOMÍA Y POLÍTICA: EN QUÉ Y POR QUÉ NOS MIENTEN (3)

¿LA DIRECCIÓN CORRECTA DE LA ECONOMÍA ES UN PROBLEMA CIENTÍFICO DEL QUE SE HAN DE OCUPAR LOS EXPERTOS?

 

Directa o indirectamente, nos llega de forma continua un mensaje desde el pensamiento dominante. Ese mensaje pretende que sólo hay una manera “correcta” de abordar los problemas económicos de las sociedades, porque según se dice la Economía es una ciencia y en ciencia la verdad es una y quien la conoce son los expertos. A partir de aquí, sesudos economistas se pasean por las tribunas más o menos cargados de estadísticas y argumentos que demuestran que, con independencia del color político de los gobiernos, LO QUE HAY QUE HACER, es aplicar medidas muy concretas de corte neoliberal si se quiere “salir de la crisis” y retomar el camino del crecimiento y la prosperidad. Más allá del hecho de que ni siquiera desde un punto de vista “científico” sus argumentos no llegan a sostenerse, el argumento de base que apunta que son los “expertos” los que han de mostrarnos el camino, ha calado tan hondo que incluso amplios sectores de la disidencia con el sistema orientan sus críticas apelando a “expertos” alternativos capaces de corregir los errores técnicos en los planteamientos de los expertos oficiales.


En realidad hay que empezar por decir que la Economía, como la Historia o la Sociología (ciencias sociales) no son ciencias en el mismo sentido que las ciencias naturales. Las ciencias sociales pueden describir y analizar con mayor o menor fortuna lo que ya ha pasado, pero son radicalmente incapaces de predecir lo que ha de pasar por muchas variables que controlen o por muy sofisticados que sean los modelos matemáticos que utilicen: sistemáticamente la complejidad de las sociedades humanas las supera y el carácter intrínsecamente imprevisible de la conducta humana desbarata todo intento de predicción. Al economista que diga lo contrario lo reto a que escriba en un libro una descripción precisa de lo que pasará en la economía durante los próximos 10 años. Algun economista se defenderá: “es que depende de lo que decidan los políticos”... ¿Sólo los políticos? ¿Y lo que decidan todos los demás, incluidos los ciudadanos corrientes? Las decisiones humanas son la pieza clave de todos los grandes acontecimientos humanos, si los “científicos” no pueden predecirlas, no pueden predecir nada en absoluto.

 

Por ejemplo: “si recapitalizamos los bancos volverá a fluir el crédito para las familias y las empresas”. Será si los gestores de los bancos deciden reactivar su negocio de crédito a las familias y las empresas, en vez de, por ejemplo, continuar especulando con la deuda soberana o los derivados financieros, que es algo más divertido. “Es que el gobierno debe obligarlos”, o sea, el gobierno debe decidir hacer algún decreto o reforma que obligue a los gestores de los bancos a actuar correctamente, en vez de, por ejemplo, esperar a ver qué pasa y confiar en que los problemas se arreglen solos sin que tengan que hacer enfadar a nadie importante. “Es que los votantes han de exigir al gobierno que actúe”, tal vez dentro de 3 años, cuando lleguen las elecciones, eligiendo un gobierno del partido opositor, que ya ha demostrado su capacidad de resolución... Es como si un químico al ver que no se produce la reacción química predicha en su hipótesis se justificara diciendo que los elementos químicos utilizados no se han comportado tal y como se les había prescrito.

 

Pero a pesar de su incapacidad de prever los acontecimientos futuros, se insiste en la pretensión de que los economistas, si todos nos comportáramos como autómatas y siguiéramos escrupulosamente sus indicaciones, sin duda nos harían llegar al paraíso de la prosperidad infinita.

 

A quien todavía piense eso hay que preguntarle: ¿y cómo es el paraíso? ¿es como los USA de los años 50? ¿como la Suecia de los años 70? ¿como el Imperio Romano de Augusto?. Es evidente que respuestas alternativas apuntarían a decisiones económicas alternativas: acciones diferentes para obtener resultados diferentes.

 

Aquí, con sonrisa de prepotente condescendencia, el experto diría: “no se pretende definir un resultado a muy largo plazo, eso no es posible, lo que se puede hacer es determinar en cada momento cuál es la solución más económicamente eficiente en un contexto dado”. Vale, ¿y cómo se define la solución más económicamente eficiente? ¿Es la que más aumente globalmente los recursos disponibles? ¿Es la que introduzca la mejora más importante en el sentido de Pareto? ¿...?

 

“Aumentar globalmente más los recursos disponibles”. Este es por cierto un mantra de la teoría económica dominante: si aumenta el PIB, la prosperidad acabará llegando a todo el mundo, si aumenta el capital circulante el crédito acabará llegando a todos los que lo necesiten. ¿Pero que garantía existe de que la prosperidad acabe beneficiando realmente a todo el mundo? Son numerosos los países del antiguamente llamado Tercer Mundo y hoy llamados emergentes que durante décadas están teniendo un aumento muy importante del PIB sin que las condiciones de vida de sus habitantes hayan mejorado significativamente o al menos no en la misma proporción. ¿Por qué? Pues por el aumento desbocado de la desigualdad económica, por la corrupción y la inoperancia de sus estados, por la expoliación de los recursos por parte de “inversores” extranjeros.

 

Efectivamente, si una multinacional extranjera explota tus recursos naturales con maquinaria y técnicos propios y vende esos recursos a otra multinacional extranjera, las estadísticas económicas dicen que el PIB de tu país ha aumentado con esas operaciones, pero en tu país lo único que ha cambiado es que se han llevado recursos naturales que tenías y por el camino seguramente te habrán contaminado el medio ambiente o directamente lo habrán destruido.

 

¿Y qué decir de las inefables mejoras en el sentido de Pareto? Se dice con ellas que un reparto de recursos o utilidades económicas dado es mejor en el sentido de Pareto que otro si mejora la posición de algunos de los sujetos sin empeorar a los otros. Un ejemplo perfecto sería un sorteo de lotería: si los 40 Mh de un país compran por un euro un billete de lotería y hay un único ganador del premio de 40 M€ resultante, se habrá dado una mejora en el sentido de Pareto, pues mientras el ganador se verá dueño de más dinero del que pudiera gastar razonablemente en su vida, el resto de los participantes estarán igual que antes (tener un euro menos no es significativo). El problema es que si el sorteo se repite, por ejemplo, una vez al mes y el ganador es siempre el mismo seguramente los compradores de los boletos “sin suerte” se sentirán altamente molestos. Y el caso es que en la visión neoliberal de la economía todos los premios se los llevan siempre los mismos, los que ya tienen mucho más que los otros.

 

Es evidente pues que la determinación de qué decisión política que afecte a la Economia es mejor no depende de la técnica sino de las preferencias de los que pueden tomar esa decisión. Los que dicen que para que la mayoría mejoremos económicamente antes hay que conseguir que los ricos estén más aliviados de impuestos y restricciones (para lo cual antes la mayoría debemos aceptar estar peor) cuando no mienten de forma simple y llana, lo que ocultan es que les importa un carajo el bienestar de la mayoría porque sus intereses están del lado de la minoría dominante. Han hecho su elección, que no nos hagan creer que nosotros no podemos hacer la nuestra, y menos aún que nuestra elección “no es científica”.

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