Un punto de vista anarquista y federalista sobre la vida y la sociedad
Desde el momento en el que estalló la crisis en la Unión Europea el gobierno alemán se puso “espontáneamente” al frente de la respuesta europea de la mano de Francia dando por supuesto no sólo que es la primera economía europea sino también la que tiene la receta adecuada para resolver los problemas del momento en Europa en general y en la Zona Euro en particular.
Al efecto, todo el aparato de gobierno de la Unión Europea se puso a sus órdenes y a través de él los gobiernos de los países PIG (siglas de Portugal, Italia y Grecia que maliciosamente leen en inglés “cerdo”, un animal del que como todo el mundo sabe se aprovecha todo) se han visto obligados de mejor o peor gana a aplicar absurdas medidas inspiradas en las políticas alemanas sobre coyunturas económicas bastante diferentes.
A estas alturas son ya una legión los que se atreven a decir que de esta manera NO se va a remontar ninguna crisis, sino que de hecho lo que va a pasar es que la crisis va a agravarse.
El caso es, además, que las recetas alemanas no sirven ni para Alemania y que de seguir así Alemania no sería ni mucho menos la última en necesitar alguna clase de rescate.
Se apunta que las economías europeas tienen un grave problema de financiación (en España eso es terriblemente evidente) y que por tanto lo primero que deben hacer los estados es devolver los créditos obtenidos con la emisión de Deuda Pública. Eso podría tener sentido si los estados tuvieran una caja fuerte con todo ese dinero (léase el BCE) y pudieran simplemente sacar el importe total de la deuda para liquidarla de un día para otro.
El problema es que los estados no tienen esa caja (o al menos no tienen la llave) y el volumen de la deuda es tal que no pueden siquiera hacer frente a los intereses que genera. Con terrible regularidad todos o al menos la mayoría de los estados europeos emiten nuevos títulos de deuda pública para substituir a los que vencen añadiendo aún los necesarios para pagar los intereses de esa deuda que ha vencido: la bola se va haciendo más y más grande a la espera de que un milagroso crecimiento futuro de las economías europeas haga posible empezar a reducir la deuda.
Pero mientras el milagro no llega, una colosal cantidad de recursos financieros están atrapados en la espiral de deuda pública, especialmente en países como Alemania, con una deuda que equivale a más del 80% del volumen de toda su potente economía. Y ni siquiera en Alemania las perspectivas son de reducción de la deuda a pesar de pagar sólo un 2% de interés, ya que está su crecimiento económico está claramente por debajo de ese 2% (de hecho, si tenemos en cuenta la inflación, Alemania como el resto de Europa está en recesión).
Y como es lógico, si una cantidad creciente de recursos financieros están siendo absorbidos por la deuda pública, cada vez queda menos para la economía productiva. ¡Razón de más para recortar gasto público y aumentar la presión fiscal! Así se empezará antes a reducir la deuda... O no. Pensemos que la combinación de recorte de gasto público y aumento de los impuestos no hace otra cosa que bombear recursos económicos fuera de la economía real para atender una deuda que en su mayor parte tiene titulares fuera del país: eso se traduce de forma directa en disminución del PIB, y por tanto disminución de ingresos por impuestos y vuelta a empezar. La situación alemana no está por cierto mejor preparada para hacer frente a esta dificultad dado que ya posee una presión fiscal de las más altas de Europa y su tasa de crecimiento ya está por debajo del 1% (es menor que la inflación).
Visto todo esto, no habría más salida para Europa que permitir que el BCE se haga cargo del pago de toda la deuda pública de la zona euro (como ha hecho la Reserva Federal para USA) o alternativamente los países deberán suspender toda devolución de la deuda condicionando su pago gradual a la existencia efectiva de crecimiento económico.
Por cierto, los “eurobonos” no son realmente una solución en caso de que se adoptasen, sólo promediarían el tipo de interés entre los distintos países, lo cual por cierto tendría un efecto devastador para Alemania, que posiblemente vería duplicada la factura de los intereses de su enorme deuda. Que Merkel diga que los eurobonos no son oportunos o necesarios es sólo una expresión educada de una auténtica oposición feroz a la idea: mientras los “cerdos” paguen entre el 6% y el 7% por su deuda, el gobierno alemán no tendrá que pagar más del 2%.
En resumen, Alemania no es modelo para nada en lo que respecta a la crisis y si algo no hace cambiar antes la política monetaria europea habrá que esperar la inevitable quiebra alemana para hacer evidente lo autodestructivo que tienen las medidas europeas actuales.