Un punto de vista anarquista y federalista sobre la vida y la sociedad
En estos últimos tiempos se está hablando mucho sobre el Sistema Electoral español, sobre cómo nos está conduciendo con el paso del tiempo a una situación de inmovilismo político en el que muchas personas empiezan a pensar que da igual lo que se vote porque nada sustancial va a cambiar, y sobre cómo debería cambiar este sistema para recuperar la credibilidad de la democracia representativa como la forma menos mala de organizar el gobierno de la Sociedad.
Efectivamente, parece que por muy enfadados que estén los ciudadanos con un partido político en el poder (PP o PSOE), no queda más alternativa que votar al otro en las siguientes elecciones y esperar a ver cuánto tiempo tarda el “nuevo” gobierno en indignarnos o defraudarnos.
¿Por qué parece que sólo pueden gobernar PP o PSOE? ¿Cómo es que a pesar de los pesares el resto de las fuerzas políticas se quedan muy lejos de formar una mayoría alternativa a nivel estatal? Y es que el sueño de los partidos que siguen a los dos mayoritarios es convertirse coyunturalmente en “bisagra” en una hipotética situación de empate entre las dos fuerzas “de gobierno”. A nivel autonómico pasa lo mismo, aunque los protagonistas principales puedan cambiar o como mucho pasar a ser tres en vez de dos.
Se dice, con razón, que el voto separado por provincias “barre” fuera de los resultados electorales a la mayoría de las opciones electorales alternativas y que en el reparto de representantes por provincias se privilegia perversamente con más puestos de diputado a las provincias menos pobladas (supuestamente más conservadoras) en perjuicio de las más pobladas, en las que hacen falta muchos más votos para respaldar la elección de cada candidato. También es cierto que las reglas de la propaganda electoral hacen perfectamente invisibles los discursos de candidaturas diferentes de las ya aposentadas en el poder, y por último no es menos cierto que la atomización de las candidaturas alternativas (en su mayoría de izquierdas) despista tanto a los potenciales votantes que éstos acaban volviendo la mirada a las papeletas “de siempre”.
Dejando de momento a un lado la revisión de las reglas de la propaganda electoral y el recurso evidente de potenciar complementariamente los sistemas de consulta y de iniciativa legislativa popular, las propuestas críticas con al Sistema Electoral en sí mismo apuntan en general a dos direcciones: implantar la circunscripción única en todas las elecciones (con un sistema de recuento realmente proporcional, se añade a veces) y/o la introducción de listas abiertas que permitan al menos premiar o penalizar de forma específica a determinados personajes políticos.
Empezando por lo último, las listas abiertas tienen algunos problemas serios y también alimentan una perversión de la Democracia Representativa que es muy importante combatir. Los problemas consisten en la imposibilidad real de llegar a conocer realmente a todos los candidatos posibles cuando el ámbito de las elecciones supera el de una pequeña aldea o el de una comunidad de vecinos. Acabaríamos por decidir que cada municipio o comarca elegiría un único diputado, y eso ya se hace en algunos sitios, como en USA o en Gran Bretaña, y el resultado no es menos bipartidismo, sino más. Y si intentamos votar con listas abiertas en ámbitos más grandes, sólo resultarían elegidas las caras conocidas, y los Medios serían los nuevos dictadores capaces de nombrar gobiernos. Alternativamente algunos proponen que sean sólo listas cerradas, por partidos, en las que simplemente se permitiera tachar un número limitado de nombres burlando el orden establecido por los partidos. Un sistema tan curioso probablemente daría lugar al nombramiento como presidente del gobierno al portero de la sede del partido de la calle Génova, por decir algo, ya que convertiría el ser desconocido en una ventaja. Si nadie te conoce, ¿quién te va a vetar?.
Hasta aquí los problemas de las listas abiertas, pero también tienen un aspecto perverso que es a mi juicio aún peor. Votar listas abiertas o lo que es lo mismo en esta cuestión, votar a candidatos individuales, sustituye el debate en torno a las cosas que necesitan o prefieren los ciudadanos por un vulgar concurso de popularidad. Es un sistema que piensa en las personas que suscribirían la frase “yo no tengo ni idea de política pero ese tipo me cae bien, me fío de él”. Tal vez ese planteamiento es defendible en una Sociedad en la que hipotéticamente la gente en general estuviera muy desinformada acerca de lo que pasa a su alrededor por imposibilidad material, cultural o por un crudo desinterés. Pero la nuestra es una Sociedad en la que un gran volumen de información está al alcance de cualquiera que desee consultarla. Prácticamente todo el mundo tiene los medios necesarios para hacerse una idea bastante clara acerca de cuál es su situación y la de sus problemas y preocupaciones en el contexto no sólo de su comunidad, sino incluso a nivel global.
Es verdad que aún teniendo listas cerradas las campañas electorales siguen pareciendo concursos de belleza, pero introducir listas abiertas no corregiría el problema, representaría asumir la enfermedad de la Democracia como regla de oro de la normalidad.
Hablemos ahora de circunscripciones únicas y auténtica proporcionalidad en el recuento. Sobre que el sistema de recuento sea proporcional, no hay mucho que decir, el sistema d'Hondt, que es el que se aplica actualmente es un sistema proporcional, aunque no use la regla de tres para repartir representantes. El tema de que descarte del recuento las candidaturas que no superen el 3% o el 5% de los votos válidos con frecuencia es intrascendente desde el punto de vista de la proporcionalidad de los resultados, sólo cuenta si se están eligiendo a la vez más de 33 o más de 20 representantes según el caso. Si se eligen menos representantes, el porcentaje de votos a conseguir será obligatoriamente más alto (por ejemplo, si se eligen 2 representantes, hay que estar muy cerca de la candidatura que se acerque más al 50% de los votos). Teniendo en cuenta esto último, parece muy procedente hablar de circunscripción única, más que nada porque si el número de escaños a repartir es más grande, se puede conseguir ya un primer representante con un porcentaje de votos pequeño, incluso bastaría con un 0,29% de los votos válidos para conseguir uno de los 350 diputados al Congreso, o con el Sistema d'Hondt, superando la barrera del 3%, podrían esperarse hasta un máximo de 10 u 11 diputados, más que suficiente para presentar con éxito en sociedad una nueva opción política. Pero algo debe fallar en este cálculo porque cuando llegan las elecciones europeas, en las que se vota en circunscripción estatal, el resultado final es tremendamente similar al de las elecciones generales: dos grandes partidos ganadores ampliamente distanciados del resto de fuerzas políticas concurrentes.
Así pues, ¿cuál es a mi juicio el principal problema?. El problema es la lógica del llamado voto útil y lo que hay detrás de él, que es el problema del gran número de votos que se pierden, y que al final no sirven para elegir a nadie por diversas razones.
Los votos que se pierden lo hacen por diversas razones. Los más perdidos de todos son los que no se depositan en la urna, esto es, la abstención, que todos sabemos que se mantiene en porcentajes muy altos y crecientes a cada proceso electoral. Si todos los que se abstienen lo hicieran por puro desinterés o por dificultades ajenas al proceso político, podríamos ignorar el problema y descontar sin más a todas estas personas a la hora de formar cuerpos de representantes, pero es sabido que un porcentaje muy alto de los que se abstienen lo hacen por disconformidad con el propio Sistema Electoral o, lo que es lo mismo, con las opciones políticas que este sistema encumbrará al poder. Lo mismo puede decirse de los votos nulos o los votos en blanco, menos numerosos que la abstención pero señales evidentes de disidencia con el Sistema. Estos son votos conscientemente perdidos que además no influyen formalmente en modo alguno, no invalidan las elecciones ni obligan a nombrar menos representantes, se convierten en anécdotas estadísticas de la jornada electoral por mucho que sumados superen en número al de los votantes del partido ganador.
Luego hay otros votos perdidos (podríamos decir mejor frustrados) por una de estas dos razones: por haberse realizado en favor de candidaturas que al final no han conseguido representación o por haberse realizado por candidaturas que finalmente no han necesitado tantos votos para ser ganadoras.
Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que deben elegirse dos representantes y que hay cuatro candidatos. Hecha la votación, tenemos el siguiente resultado:
| Candidatos | García | Sánchez | Fernández | López |
| Nº de votos | 1200 | 1000 | 300 | 250 |
Aplicando un sistema proporcional, García y Sánchez serían los candidatos elegidos, y los votos para Fernández y para López finalmente no habrían servido para nada. 550 votos inútiles. Claro que en realidad para resultar elegidos lo único que necesitaban García y Sánchez era tener más votos que cualquiera de los otros dos candidatos, en este caso 301 votos. Así, a García le sobrarían 899 votos y a Sánchez 699 votos. Así pues, han sido 550+899+699 = 2148 los votos innecesarios en esta elección frente a los 301+301 = 602 votos que han sido decisivos.
Como se ve, estamos hablando de un porcentaje de votos que puede ser muy, muy, alto. Pensando en este tipo de votos perdidos en algunos países se hacen los procesos electorales en dos vueltas, pero eso no nos sirve aquí porque nuevamente se desemboca en un estático e indeseado bipartidismo.
Visto y percibido todo esto, es cuando los votantes caen en la lógica del voto útil. Entre los votantes más motivados, los hay que no se resignan a que su voto se pierda, de modo que toman su decisión de voto haciendo mentalmente esa elección a dos vueltas que hemos mencionado, se dicen, por seguir el ejemplo, “me gustaría votar López, pero sé que no va a resultar elegido y no me resigno a no influir en los resultados electorales, de manera que votaré Sánchez, que no me gusta tanto, pero sé que tiene muchas posibilidades de salir y creo que es un mal menor frente a García. Votando a Sánchez mi voto no se perderá”. Lo más perverso del razonamiento expresado es que se basa en previsiones que acaban determinando su cumplimiento (profecías autocumplidas). Obviamente, si todos los simpatizantes de López dan por hecho que no ganará y optan por votar a uno de los dos candidatos que se cree que ganarán, Esos dos candidatos realmente ganarán aunque una parte de sus propios votantes sean muy críticos con ellos. Hay que fijarse en que esta lógica del voto útil no es más que la otra cara de la abstención y del voto nulo o blanco. El que cae a su pesar en la lógica del voto útil, vota sintiendo que querría votar otra cosa pero que en realidad no la puede elegir, el que se abstiene o hace voto nulo o blanco de protesta lo hace porque siente que por lo que sea tampoco puede elegir, pero no se resigna a votar por ninguna de las presuntas opciones ganadoras.
El sistema electoral que se propone para superar la lógica del llamado voto útil, por la vía de reducir al mínimo el número de votos perdidos se llama Voto Único Transferible a Listas Cerradas en Circunscripción Única.
En este sistema los electores votan no a una sino hasta a tres listas cerradas indicando el orden de preferencia.
En el momento del recuento se calcula primero la cuota necesaria para ganar un representante, que sería el resultado de dividir el número total de votos por el número de puestos a cubrir. En una primera ronda se asignan directamente tantos puestos como cuotas de votos en primera opción se hayan producido. En las siguientes rondas de recuento se toman en cuenta las segundas y las terceras opciones de los votos restantes (los que se habrían perdido con otros sistemas) para ir descartando candidaturas sin ninguna posibilidad de éxito y sumando nuevas cuotas para asignar el resto de los puestos. Así los votos que de otro modo se perderían, tienen una segunda y hasta una tercera opción para formar efectivamente un resultado (un candidato electo) a través de listas que considera preferibles a otras el elector aunque no sean su primera opción.
La operativa de voto no es demasiado compleja, de hecho en la elección de candidatos individuales se usa el Voto Único Transferible con éxito en distintos países. El proceso de recuento y de asignación de resultados es un poco más complejo que el actual, pero con los medios tecnológicos actuales eso no es un problema invalidante.
¿Serviría este sistema para superar la lógica del voto útil y recuperar a los abstencionistas? Al poder confiar en la eficacia del propio voto los electores pueden votar más en conciencia, sin hacer especulaciones sobre los resultados, y esto hará más viable la entrada de nuevas fuerzas políticas que podrían recoger votos de segundas o terceras opciones hasta hacerse un sitio en el panorama político. Esto último también podría ir recuperando a los abstencionistas, que verían más posibilidades de dar uso a un voto que hasta hoy presuponen estéril.
Para saber más sobre los problemas del Sistema Electoral actual y sobre cómo funciona el Voto Único Transferible a Listas Cerradas en Circunscripción Única, lee aquí.