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Un punto de vista anarquista y federalista sobre la vida y la sociedad

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LA PELÍCULA DE LA CRISIS

Hay que hacer memoria. Todo empezó con la crisis de las subprime, los paquetes de productos financieros que prometían elevados beneficios sobre una inversión garantizada en última instancia por sólidos valores inmobiliarios. En realidad estos paquetes no eran otra cosa que derechos de cobro contra deudores insolventes y las garantías propiedades sobrevaloradas e imposibles de liquidar sin encajar graves pérdidas. Visto en perspectiva, los títulos financieros en cuestión eran básicamente dinero falso impreso sobre la nada.

Y como los bancos y los inversores financieros tuvieron que desvelar de golpe que gran parte del dinero de sus balances era dinero falso, llegó la crisis financiera. Dejaron de dar créditos incluso a los clientes solventes, ni para comprar propiedades inmobiliarias, ni para consumo, ni para hacer viables los proyectos empresariales de la economía productiva (la economía real). Algunos bancos se encontraban descapitalizados y los que no, no se fiaban de nadie y se dedicaron a lamer sus heridas esperando acontecimientos.

Sin créditos para el consumo o para hacer funcionar las empresas llegó la crisis general de la economía. Incluso las empresas viables con una buena cartera de clientes se quedaban sin dinero para pagar a sus proveedores y no podían servir los pedidos. Los consumidores tampoco encontraban crédito para hacer sus compras más importantes y por supuesto no había manera de adquirir una vivienda con la ayuda de una hipoteca. La Economía se fue paralizando.

Los poderes públicos debían intervenir. Podían haber cerrado o expropiado los bancos descapitalizados para devolver la confianza, tal y como se hizo con relativo éxito en 1929 en USA. Podían haber distribuido crédito a los consumidores y las empresas para reactivar la economía utilizando como intermediarias las entidades financieras viables. Pero en vez de eso cubrieron las pérdidas y inyectaron más y más dinero a las entidades financieras descapitalizadas (recordemos, a causa de sus irresponsables políticas de inversión), con lo que los estados tuvieron que endeudarse a niveles propios de una economía de guerra y dedicar una parte creciente de sus presupuestos públicos a devolver los créditos y abonar los intereses.

Y el dinero que necesitaban los estados para reflotar los bancos descapitalizados quién los tenía que poner? En primera instancia los bancos viables que se habían replegado a la espera de mejores tiempos, enseguida con la ayuda inestimable del BCE (un banco público de capital público por definición) que se dedicó a repartir créditos a los bancos con unos tipos de interés bajísimos, siempre por debajo de la inflación, para que los bancos les prestasen a los estados a un tipo de interés siempre superior.

Y como los bancos viables tienen todos los incentivos para dedicar todos sus recursos y los obtenidos del BCE a comprar títulos de deuda pública, pues seguía sin haber crédito para la economía real y las empresas empiezan a entrar en quiebra. La crisis económica se empieza a retroalimentar gracias a las políticas públicas.

Ahora las empresas ven como se empequeñece su mercado y por lo tanto tratan de reducir su volumen, sus plantillas, sus costes. Los poderes públicos que tan brillantemente han estado actuando y que ni se plantean rectificar deciden calmar a la patronal despojando a los trabajadores de todos sus derechos, para rebajar costes reduciendo sueldos, para despedir personal, etc. Sueldos más bajos y un paro de récord son la consecuencia.

Con sueldos más bajos cuando no directamente sin trabajo, los trabajadores, que también son el grueso de los consumidores, reducen al mínimo de subsistencia su consumo e incluso dejan de poder pagar sus créditos. Segunda retroalimentación de la crisis.

Los créditos impagados crean nuevos agujeros en los balances de los bancos, los estados se obligan a incrementar las ayudas a los bancos y piden nuevos créditos. Se empieza a dudar de la capacidad de los estados para devolver sus deudas y los intereses de la deuda pública suben cada vez más, asfixiando las finanzas públicas, que por otra parte cada vez ingresan menos vía impuestos como consecuencia de la reducción de las rentas salariales, que son prácticamente las únicas que no se pueden escapar de tasas y gravámenes. Tercera ... cuarta retroalimentación de la crisis.

Se desvía más capital crediticio ya internacional hacia la deuda pública y la financiación de la actividad económica real se seca aún más.

Los estados se comprometen a priorizar por delante de todo gasto o inversión la devolución del principal y los intereses de la deuda.

Se recortan servicios públicos y subsidios. Se reducen ahora también las plantillas de las administraciones y se decretan reducciones salariales generalizadas. El consumo y el ahorro privado pagan rápidamente las consecuencias. Nueva retroalimentación.

Baja la actividad económica. Incrementa el paro. Suben aún más los intereses de la deuda pública. Aún circula menos crédito. A pesar de las subidas de tipos impositivos, los ingresos públicos bajan. Y volvemos a dar una vuelta a la espiral descendente.

Es que nadie se da cuenta de lo que pasa? Porque no se rectifican las políticas públicas? A quién beneficia esta forma de afrontar el original problema de las subprime?

En primer lugar hay que tener en cuenta que la compra-venta de títulos subprime generó unos beneficios "teóricos" fabulosos a las entidades financieras que los usaron, y con estos beneficios se aseguraron muchas fidelidades entre los políticos. Cuando se evidenció el bluf, muchísima gente poderosa se apresuró a exigir a sus políticos alquilados que les aseguraran su capital como primera y urgente prioridad. Los primeros rescates ya tuvieron un volumen absolutamente desmesurado, impensable antes para casi cualquier cosa. Se movilizó mucho más dinero por ejemplo que el que sería necesario para acabar de golpe con el hambre de todo el Mundo. El resto de medidas han ido encaminadas a conseguir la complicidad del sector saneado del capital financiero y la de las patronales, que en gran parte han acabado aceptando este bache económico "temporal" con la perspectiva de un nuevo modelo de relaciones laborales en la que los trabajadores y trabajadoras ya no estuvieran en condiciones de reclamar su parte en los beneficios derivados de los incrementos de productividad. Claro que esto último sólo tiene sentido desde una óptica miope y localista, en la que las empresas sólo piensan en mercados exteriores y en el turismo, sin creer en las posibilidades de un mercado interno solvente.

Es evidente cuál es la dirección que se debería tomar si se tuvieran en cuenta los intereses de la mayoría de la población. En el punto en que están las cosas, se debería declarar una moratoria respecto a la deuda pública, deberían depurarse responsabilidades y recuperarse tanto dinero como fuera posible, incluso por la vía de la confiscación, de los que se han inyectado a las corporaciones responsables cuando no culpables de la situación original. Con el dinero recuperado sería necesario primero rescatar a las personas que están sufriendo las consecuencias más graves de la crisis, reactivar el sector público y hacer fluir crédito hacia la economía real.

Cuando hayamos recuperado el normal funcionamiento de la economía, ya hablaríamos de devolver deuda empezando por los acreedores que estén dispuestos a aceptar un mayor porcentaje de quita.

 

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