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Un punto de vista anarquista y federalista sobre la vida y la sociedad

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UN COMPLICADO PLAN B

Este fin de semana se ha conocido públicamente la esperada respuesta a la gallega del presidente Rajoy a la petición de autorización, o cuando menos de tolerancia, de una consulta de autodeterminación en Cataluña (para variar, mejor digamos las cosas por su nombre).

 
La respuesta, de hecho, mantiene todas las amenazas existentes sobre cualquier fórmula de consulta que quiera organizar el gobierno de la Generalitat. Es seguramente cierto que incluso dentro del estrecho marco legal vigente se puede encontrar algún hueco para hacer viable una consulta formalmente consultiva que permita a la población catalana decir si quiere o no que Cataluña se convierta en un estado independiente, pero no nos engañemos, no importa cuál sea fórmula elegida ésta será invariablemente impugnada ante el Tribunal Constitucional, que ya está suficientemente preparado y aleccionado para dictar fulminantes resoluciones paralizantes de lo que se presente. No me extrañaría nada que alguien (por ejemplo el propio presidente del Tribunal Constitucional) ya tuviera en el cajón varios borradores de recursos, dictámenes y sentencias para asegurar la celeridad de respuesta que tanto falta en otros temas.

 
Por su lado, el presidente Mas ya ha anunciado cuál es su plan B, es decir qué es lo que hará en el caso en el que se haga imposible una consulta: la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias en torno a la independencia de Cataluña. En 2016, decía él al principio. El mismo 2014, le corrigió ERC.


Desde el punto de vista del marco legal, la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias no se puede detener, en parte porque nadie puede exigir a los candidatos ni a los ciudadanos convocados a las urnas que acepten jugar este juego, pero eso no quiere decir que esta sea una alternativa ni fácil ni cómoda para los mismos partidos.


Así, para hacer la consulta sólo es necesario que la mayoría parlamentaria pacte una pregunta clara, lo más delicado sería luego ejecutar el veredicto de la democracia, pero conceptualmente no es una cosa difícil de decidir.


Si la respuesta es independencia, es necesario declararla solemnemente y afrontar seguidamente la dura batalla política, legal y diplomática subsiguiente. Y una vez estabilizada la situación, convocar elecciones constituyentes y comenzar el nuevo período histórico.


Si la respuesta es mantener Cataluña como una parte del reino de España... Probablemente habría un terremoto político considerable dentro de la propia Cataluña, con dimisiones, elecciones anticipadas y peregrinaciones de penitentes y arrepentidos hacia Madrid para pedir clemencia y redención.


Tanto en un caso como en el otro el trabajo de los políticos sería más cuantitativo que cualitativo. Ni siquiera sería imprescindible para nadie hacer campaña en favor de una u otra respuesta, como se dice en Cataluña, jugar a la puta y la Ramoneta estaría más solicitado que nunca. Pero, ¿y si no se permite una consulta? ¿Y si hay que ir a las anunciadas elecciones anticipadas plebiscitarias?



REQUERIMIENTOS DE LAS ELECCIONES PLEBISCITARIAS



La primera observación que hay que hacer es que las elecciones autonómicas anticipadas del 2012 fueron ya unas elecciones plebiscitarias sobre el "Derecho a Decidir", y unas nuevas elecciones de tipo plebiscitario tal vez irritarían a una buena parte del electorado, que siente que ya ha dicho con claridad cuál es su posición en este tema. Por otra parte, los contrarios a dirimir esta cuestión de la independencia ya se esforzarán bastante en echar una cortina de humo durante la campaña electoral y de introducir dudas sobre la correcta interpretación de los resultados por poco margen que tengan. Por tanto, la validez de las elecciones como plebiscito podría ser bastante incierta si no es que los principales partidos se posicionan previamente con meridiana claridad y si no es que la participación de los electores es auténticamente masiva y hace bueno el carácter plebiscitario, penalizando duramente las candidaturas que osen mantenerse en la ambigüedad.


Y si ganan los valedores de la independencia, ¿qué hacemos? ¿Volvemos a convocar en un año unas elecciones al Parlamento Constituyente? ¿Usamos el mismo parlamento para redactar la constitución del nuevo estado? ¿Cuál será de hecho el procedimiento de debate de la nueva Constitución? ¿Iniciamos directamente negociaciones con la UE para mantenernos adheridos?. Y si ganan los contrarios a la independencia, ¿qué hay que hacer? ¿Pedir una reforma de la Constitución Española? ¿Continuar como hasta ahora? ¿Abolir la autonomía?.


Es evidente que no bastará con presentarse y decir "somos partidarios de la independencia "o "no somos partidarios de la independencia". Habrá que decir muchas más cosas y me preocupa que los partidos catalanes no estén preparados para presentar un proyecto suficientemente claro al respecto.



CUP Y ERC



De todos los partidos actualmente presentes en el Parlamento Catalán, estos son los únicos que son inequívocamente partidarios de proclamar la independencia, y rascando un poco quizás encontraríamos algo del modelo de estado que proponen. Lo que deberían debatir y proponer es cuál es la hoja de ruta que defenderán en el caso de que la mayoría parlamentaria avale la secesión:

 

  • Tiempo que habría que dar a las primeras tareas de proclamación y reconocimiento del nuevo estado, antes de iniciar el proceso constituyente.
  • Forma y pasos específicos del nuevo proceso constituyente. Básicamente si proponen o no nuevo proceso electoral (con modificación previa de la ley electoral o no) o si articularán mecanismos de participación "a la islandesa" en la redacción de la Constitución, previos al obligatorio referéndum de validación del texto final.
  • Si serán partidarios de pedir el mantenimiento provisional (o definitivo) de Cataluña en el seno de la UE, la OTAN, el FMI, etc. o si prefieren empezar desde el principio las negociaciones de adhesión una vez proclamada la constitución catalana (quizás en estos temas no se pueda elegir, pero convendría saber qué piensan).
  • Qué principios querrían que se recogieran en la Constitución Catalana (especialmente si quieren que este mismo parlamento redacte la Constitución).



PP Y CIUTADANS



Estos son los otros dos partidos con una posición clara, en este caso contraria a la independencia. Sin duda está muy claro que de la misma manera que no quieren una consulta, tampoco querrán que las elecciones anticipadas que se convoquen tengan un carácter plebiscitario en términos independencia sí o no. Pero en realidad esta fórmula de consulta les da una ventaja que harían mal en desperdiciar, teniendo en cuenta que en unas elecciones podrán añadir a su bien conocido no a la independencia las propuestas que consideren oportunas para hacer más atractiva su posición. En concreto:

 

  • ¿Son partidarios de mantener el modelo autonómico actual exactamente como está o propondrán cambios? Cambios como por ejemplo un nuevo modelo de financiación (¿cuál?), Incremento o disminución de las competencias autonómicas, etc.
  • ¿Pedirán algún tipo de cambio en la Constitución Española? Si es que sí, ¿en qué sentido?
  • ¿Qué partidos de ámbito estatal están firmemente comprometidos en hacer realidad sus propuestas? (Aquí sería necesario que los partidos estatales aludidos se manifestaran clara y públicamente al respecto).



CiU Y ICV



Las posiciones de estas dos coaliciones distan mucho de estar claras.


En CiU, CDC parece (sólo parece) que se decanta preferentemente hacia la independencia, pero UDC se diría que, como mínimo, preferiría no tener que pronunciarse (por no romperse). Si han de haber unas elecciones plebiscitarias anticipadas convocadas por el presidente Mas, tanto Convergencia como Unión deberían estar organizando ya sus respectivos congresos extraordinarios para establecer una posición a favor o en contra de la independencia. Es evidente que si no lo hicieran serían duramente castigados por el electorado y además contribuirían a convertir en un lío inútil la propia convocatoria electoral. Es posible además que CDC decida una cosa y UDC otra, lo que rompería por primera vez en muchos años el cartel electoral CiU, con consecuencias imprevisibles tanto para unos como para otros.


ICV también debería mojarse más claramente en la cuestión de la independencia y afrontar los inevitables riesgos de ruptura interna, entre los fieles a los ideales clásicos del republicanismo español de izquierdas y los que ven en una Cataluña independiente una oportunidad más clara de hacer progresar sus ideales. Y también es muy posible que los dos bandos sean irreconciliables y acaben presentándose por separado.


Sea como sea, unidos o rotos, tanto una coalición como la otra además de aclarar su posición en torno a la independencia deberán añadir su visión del día después de las elecciones, tal y como apuntábamos en los casos anteriores.



EL PSC



La discusión en el seno del PSC merece una atención especial por su carácter, digamos "bizantino". Tiene ya la categoría de tópico lo de las dos almas del PSC, la catalanista y la obrerista. Es conocido que la dirección de Pere Navarro es contraria a la independencia, pero también es conocido que una parte no pequeña de los cuadros, las bases y no digamos el electorado del PSC va por otro lado. En esta situación la dirección del PSC intenta hacer progresar la idea de una tercera vía, que sería una reforma de corte federal de la Constitución Española.


Se trata de una propuesta con graves problemas de credibilidad: más conservadora fue la propuesta de nuevo Estatuto promovida en primera instancia por el gobierno catalán del PSC, y la desguazó sin piedad un gobierno estatal del PSOE que se comprometió de antemano en que le daría pleno apoyo. Pero es que además hablar de federalismo en este momento tiene trampa. Ya dice Pere Navarro que pedirá al PSOE una reforma de la Constitución en clave federalista si continuamos dentro de España, Pero ¿y si nos declaramos independientes? Pues entonces pedirá que el nuevo estado catalán negocie el establecimiento de una federación con España.


Cualquier federalista convencido e informado sabe que en una federación todos los entes que se federan son igualmente libres y soberanos. Incluso para crear una República Federal Española con la integración de Cataluña, tendría que haber previamente una declaración de independencia o al menos un franco, explícito y efectivo reconocimiento de la soberanía catalana, y una negociación de los términos de la federación en pie de igualdad que no se ve en la propuesta de Navarro. Navarro parece apostar por la refundación del Reino de España bajo la monarquía de Felipe VI (se ha referido a ello repetidamente) en la que el régimen de las autonomías se pareciera un poco más a lo que sería un estado federal con el preceptivo permiso del PSOE.


En resumen, Pere Navarro esquiva la principal cuestión del momento (hacer efectiva o no la soberanía proclamando la independencia) volviendo tercamente a un debate que ya perdió su oportunidad en el pasado.


Diga lo que diga el pueblo catalán, el PSC de Pere Navarro parece que pedirá la integración federal o cuasi-federal de Cataluña en España. ¿Por qué le debería votar nadie en unas elecciones plebiscitarias convocadas en torno a la proclamación o no de la independencia?


Dicho todo esto, resulta claro que nada de tercera vía. El PSC de Pere Navarro es claramente contrario a la independencia y lo que le toca es definir y dar más credibilidad a su propuesta de reforma federal de la Constitución Española, con el compromiso explícito, sin fisuras ni reservas, de todo el PSOE. Y en este punto, la sangría que ya sufre de cuadros, militantes y adhesiones ciudadanas no ha hecho más que empezar.


Es evidente que el Plan B del gobierno catalán requiere mucho trabajo de todos los partidos, más vale que se apresuren a hacerlo. Por si acaso.

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